Posteado por: pcmf | agosto 31, 2011

Combate vital por la lucidez.

” Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de un archipiélago de certezas.”

              Edgar Morin.

El pensador Edgar Morin ha señalado que todo conocimiento integra en su génesis el error y la ilusión. Pero que debido a las falsas concepciones que la humanidad posee sobre si misma le es casi imposible reconocerlo. El hombre reconstruye la realidad a través de teorías alejando la posibilidad del error introducidas por perturbaciones aleatorias.

Hemos creído que la razón dominadora absoluta de nuestra mente debía eliminar las emociones como fuente creadora de conocimiento.

Por ello es necesario someter al modelo de conocimiento actual a una revisión que ponga en evidencia los fallos que padece.

Morin los divide en varios tipos. En primer lugar el error mental. Señala que nuestra mente no  está preparada para diferenciar la alucinación de la percepción. El cerebro humano es más útil en el control de lo interno que de lo externo. Pues construimos nuestro propio yo y lo asimilamos con la realidad exterior. De ahí surge el conflicto entre egocentrismo y memoria recreación de nuestra personalidad.

En segundo lugar nos encontramos con el error intelectual. Todo sistema ideológico y de conocimiento tiende como ley casi inmutable a negar cualquier tipo de información que no puede integrar.

En tercer lugar aparece el error de la razón. La mente trata de controlarlo todo como defensa. Negando al otro la oportunidad de la cooperación.  Todo es fuente de dominio amparado en la idea de llevar  razón.

Por último Morín defiende que Occidente en su obsesión por el monopolio de la razón considera que otras culturas se encuentran ancladas aún el mito. Y que esta “ceguera paradigmática” occidental basada en la racionalización newtoniana-cartesiana nos impide defendernos adecuadamente de la “incertidumbre de lo inesperado”.

 

 

Posteado por: pcmf | agosto 30, 2011

Trazo y abandono.

No existe paralelo en lo que trazo y abandono.
Olvido, pero no olvido suficiente.
El sabor de las caricias no es lo mismo junto al mar
que cuando una ola acaba
o cuando penetra la oscuridad
y las caricias son olor lóbrego.
Pero quien mira percibe,  que son  idénticas caricias.
Por eso cuando creo no estar de acuerdo con el mundo,
observo:
si antes retrocedía al norte
ahora avanzo hacia el sur,
pero existo constantemente, firme sobre mí.
 Gracias a todos  y a ninguno
y a mis sentidos y a mi clara  voluntad de seguir.

 R.L: ” Alborada y desencanto.”

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