“¿ Pero acaso podía yo parar el agua del mar con la mano?” ( Palabras de Ney al volver bajo las ordenes de Napoleón)
Un Napoleón cansado y enfermo se dedicó en la isla de Santa Elena a prodigar juicios de valor sobre toda persona que hubiera tenido relación con él o su política. No es de extrañar que muchas de sus opiniones fueran guiadas por el resentimiento de quien amo de Europa se veía confinado a las pequeñas miserias de una isla y un carcelero bastante quisquilloso.
Sus mariscales fueron blanco de sus ataques, pués encumbrados a la dignidad militar más alta por el emperador varios fueron los que le volvieron la espalda en la adversidad.
Un caso contradictorio,trágico y teñido de leyenda es el marsical Ney. Hijo de un tonelero veterano de la guerra de los Siete años, reunía en su persona todas las cualidades del buen soldado. Valiente, generoso,con aptitudes muy útiles en momentos críticos, su ascenso en el ejército fue rápido. Cuando estalle el golpe de 18 de Brumario pese a sus reticencias iniciales acabará poniendose al servicio de Napoleón.
Este valorará siempre de Ney su temeridad y arrojo pero nunca lo considerará un buen táctico. Por lo que pese a sus actuaciones en Rusia, Rhin, Danubio o España, siempre pondrá al mariscal bajo las ordenes de algún otro militar. Esto irá creando en el ánimo de Ney un poso de reproches a Napoleón que acabarán con la ruptura de ambos.
Simbolizada en el manifiesto de Fontainebleau donde tras la fracasada campaña de Rusia, los mariscales reunidos en secreto piden la abdicación del emperador y es Ney el encargado de entregar a Napoleón el manifiesto.El cual indignado grita:”los soldados obedecerán a su emperador” a lo que Ney responde “ Sire, los soldados obedecerán a sus generales“. El emperador convertido en general marcha a la isla de Elba.
El mariscal se pone al servicio del nuevo rey que le agradece su negociación con Napoleón y lo nombra par de Francia. Es aquí donde la figura del valiente soldado muestra sus clarooscuros. Pués jura fidelidad a un régimen al que antes combatía. Pero el general Bonaparte regresa. Son los Cien Días. Ney es conminado a detener a Napoleón pero tras entrevistarse con él decide incorporarse a su ejercito.Mientras lee la proclama a sus soldados, contará más tarde, que sentía como si se estuviera poniendo una soga al cuello. No hay ya marcha atrás. El fracaso de Waterloo mostrará a Ney tratando de morir con dignidad frente a la artilleria inglesa, pero no lo consigue.
Es arrestado como traidor a Francia. En el consejo de guerra que se le forma el Mariscal decano Moncey se niega a juzgar a Ney y es destituido. Pero este dando muestras de un notable error de juicio pide que se le juzgue como Par de Francia y no como militar. Esta camara formada por fanáticos monárquicos condena a muerte a Ney.
Este en un acto de valentía casi póstuma se niega a que se le venden los ojos y grita al pelotón de fusilamiento “¡ Camaradas, disparad sobre mí y apuntad bien!” Napoleón reprochará duramente esta muerte tacahndola de crimen. En 1831 Luis Felipe rehabilitará la figura militar de Ney.

En la Antigua Roma, era costumbre entre los emperadores, conceder a toda la inmensa masa de plebeyos dos dádivas o regalos: el pan en épocas de hambruna y el circo para satisfacer otras necesidades menos vitales .De esta manera, se producía una simbiosis de agradecimiento mutuo entre el César de turno y la plebe.
Cuando Hugo Gernsbarck acuñó en el año 1926 el término de ciencia-ficción , este estilo literario no pasaba de ser considerado un subgenero condenado a lecturas minoritarias y con muy escaso apoyo crítico. Pero poco a poco este fenómeno fue haciendose un hueco en lo gustos lectores del público gracias a las difusas relaciones que lo unían a la ciencia , en una época en que los adelantos técnicos y el progreso ganaban cada vez más adeptos.