Posteado por: pcmf | agosto 29, 2008

Algunas reflexiones sobre “Estambul” de Orhan Pamuk

 Lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni  las apariencias  concretas  de    edificios y personas , la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades , sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que como yo , ha vivido cincuenta años en las mismas calles ( …)”  (Estambul)

No pretendo en este artículo hacer ninguna reseña ni crítica literaria a cerca de la obra del premio Nobel turco Orhan Pamuk  sino señalar algunas inquietudes que me han surgido a raíz de la lectura de su libro sobre la ciudad de Estambul.

Que la literatura de Pamuk se centra en uno de sus aspectos esenciales, en las consecuencias de la dicotomía entre Occidente y Oriente y la dificil relación que surge de la misma, es comentar una obviedad que cualquiera que lo haya leido concluirá por si mismo.

Lo llamativo que me ha impulsado a escribir estas notas es que la reflexión acerca de esa confrontación es mucho más patente en lo que conocemos tópicamente como “Oriente” que en el “mundo occidental.”

A lo largo del libro que Pamuk dedica a su ciudad subyace la visión de un hombre que asume su condición de eslabón intermedio entre el discurso , a veces esquizofrénico, que surge de la sociedad turca y esa visión europea que observa con sospecha cuando no con preocupación los diferentes procesos de “occidentalización ” e “islamización” en los que se mueve Turquía en este siglo XXI.

Pamuk despliega con inteligencia a lo largo de su narración una imagen de su ciudad y sus habitantes marcada por la “amargura” de quienes en estos momentos de no son capaces de asumir que ya no son un imperio y se sienten impotentes y desorientados por el rumbo a tomar.

El hecho de que en su visión se confunda el libro de viajes con las memoria intima y colectiva sirve para evitar la sensación de asistir a la lectura de un “panfleto” y paladear como se establece un dialogo con el lector.

Siendo este universal, pués no estamos ante un libro escrito para los turcos de la generación de los años sesenta y setenta, ni para los europeos ni para la burguesía turca a la que Pamuk pertenece sino para todos a la vez.

 Pamuk decide contarnos como construye su ciudad. Lugares o espacios que marcan su frontera vital. Con ello nos acercamos a la figura de escritores turcos que han marcado su imagen de Estambul, pero también la figura de europeos u occidentales que también han dejado huella en su memoria personal y a veces en la colectiva de la ciudad.

Es lo que el pensador suizo Jean Starobinski llama ” la presencia del pasado en el presente que lo desborda y lo reivindica”. Y esto es lo que Pamuk quizás ha pretendido señalar. Como por lo menos durante la época de su formación personal , esta presencia del pasado con el presente domina las versiones que cada ciudadano de Estambul tanto nativo como visitante posee a cerca de la ciudad.

En definitiva lo que queda al lector mediananmente atento de este libro es que a parte de la calidad literaria de Pamuk (gracias o desgracias de la traducción) sus preocupaciones mal llamemoslas “políticas” muestran la intención reveladora de abrir al mundo una imagen de Estambul alejada del tópico “oriental”, centrada en un dialogo permanente consigo misma para tratar de encontrar su camino en el mundo posterior al 11-S.

Sin renunciar por ello ni a su historia milenaria ,ni las influencias occidentales ni al sincretismo que de las mismas la própia Estambul es  buen ejemplo.

 


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