Posteado por: pcmf | octubre 1, 2008

Napoleón ante el espejo. La imagen stendhaliana.

 

 

 

 

 

 

 

 

  

“Un hombre

tuvo la ocasión de divisar a Napoleón en Saint-Cloud, en Marengo, en Moscú; ahora escribe su vida, sin ninguna pretensión de hermoso estilo”. ( Stendhal,Memorias de Napoleón)

De esta forma comienza el relato que sobre la vida de Napoleón comenzó a escribir Stendhal en 1836. Vivía el escritor en Civita-Vecchia y atacado del veneno del aburrimiento decide iniciar por segunda vez su proyecto de escribir la vida del emperador.

La idea como todas las grandes iluminaciones del intelecto comienza siendo grandiosa. Pretende escribir una vida completa de Bonaparte que alcance los seis volúmnes. Pero poco a poco la realidad se impone y solo dará a la imprenta tres.

¿ Escribió Sthendal un obra histórica sobre Napoleón? No. Stendhal ofrece a los lectores una mediocre imagen histórica y menor de su héroe. Contiene la obra todos los defectos de una mala investigación. Se plagia sin rubor lo que otros escriben, no se citan las fuentes casi nunca, se prefiere el dato anecdótico a la verdadera causalidad de los acontecimientos…

Pero esto no le resta interés y belleza al intento stendhaliano. Si lo comparamos con el primer esbozo de 1818 VIDA DE NAPOLEÓN” observamos como ha crecido la voz própia del escritor, que alejado del remolino de los acontecimientos muestra una escritura vigorosa capaz de emplear los utensilios del escritor profesional para dejar su huella personal e intransferible sobre lo que cuenta.

Si hacemos un ejercicio de lectura triple podemos sacar variadas conclusiones que nos servirán para conocer mejor al autor y su obra.

Una primera lectura nos ofrece la imagen mítica del emperador que Stendhal quiere ofrecernos. El héroe capaz de sobreponerse a los infortunios y alcanzar el éxito. Devolver a un país su ilusión y su fuerza de gran potencia europea. Ser el centro sobre el que gravita el pueblo de Francia.

La segunda lectura nos muestra el camino por el que transitan todos los personajes stendhalianos. Quién no ve en muchas de las descripciones de rasgos de carácter napoleónicos, la figura de Julien Sorel o Fabrizio Del Dongo. Es más la deuda del escritor para con su héroe en su obra es innegable y de muy alta estima, sea uno aficionado o no a la prosa de Stendhal.

La tercera lectura nos enfrenta a las inseguridades del narrador para con su ídolo. Napoleón es humano,se equivoca, tiene ambiciones .Su etapa de emperador donde trata de parecerse a esas monarquías que tanto humilla no le deja en buen lugar. Stendhal se consagra como hombre de su época a una idea que ha de defender por encima de todo. Pero no puede dar argumentos a esos enemigos de la Revolución que ven en Napoleón la encarnación de su fracaso.

Por tanto el escritor debe poner su ingenio en juego. Solventar este peliagudo problema que puede manchar la reputación del héroe. Stendhal se centra en los aspectos de la vida de Napoleón que considera más brillantes. Su ascenso al poder y las campañas de Italia.

De esta forma el autor combina dos de los temas que mejor maneja el heroismo y la belleza. Componiendo así un cuadro de la vida de Napoleón alejado de la realidad histórica pero donde un enamorado de la Cartuja de Parma puede recorrer en primera persona el mapa sentimental y moral de los personajes stendhalianos.

Así podemos concluir parafraseando a los enemigos de nuestro escritor que quizás fuera “un historiador de paccotilla” pero gracías a los dioses fue un escritor genial.


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