Posteado por: pcmf | noviembre 5, 2008

Alphonse Daudet y la gran imitadora.

alphonse-daudetCuando uno piensa en Alphonse Daudet es posible que deba hacer cierto esfuerzo de la imaginación para situar correctamente esta figura literaria. Apenas en la bruma de la memoria nos acuden a la cabeza  Tartarín de Tarascón y esa Provenza idílica que este escritor nos dejó en su obra impresa.

Pero si retrocedemos en la Historia de la Literatura y nos sumergimos en los procelosos mares de la arqueología literaria. Surgirá de sus profundidades un dramaturgo, novelista y periodista francés nacido en Nimes y que se tuteó con los grandes nombres de la Literatura canónica del siglo XIX.

Desde Dickens a Turgeniev todos valoraron la figura de este pequeño pero en palabras de Henry James “novelista más feliz de su época”. Mostrandonos la idea de considerar a Daudet como escritor de éxito, gran vividor cuyo crédito se apaga a su muerte.

Si bien esta apreciación cuadra en muchos aspectos con la realidad pública del escritor. Un hombre que trata de apurar la vida al máximo. Con una pasión casi obsesiva por el sexo, el alcohol y las drogas. Las cuales ocultan otros aspectos de su vida. Que le llevaron a denominarse  a si mismo como “homo duplex”.

Nos referimos a la relación casi perpetua que Daudet tuvo con la gran imitadora. Hablamos de la sífilis. La cual pone al escritor en el mismo panteón literario de los grandes de Francia. Baudelaire, Flaubert y Maupassant.

Esta enfermedad acompañará al escritor desde los diecisiete años cuando la contraiga por medio de una dama que se dedicaba a leer en la corte francesa. A pesar de la esclavitud que tan peligrosa compañera ofrecía a quienes se relacionaban con ella, esto no impidió a Daudet casarse,tener hijos y poseer un nutrido número de amantes, que ayudaban a expandir su imagen de feliz ciudadano de las letras.

Pero llegó un momento en que la enfermedad entró en su tercera etapa donde en el caso de Daudet se expresó en ataques incontrolados de parálisis. Ante la gravedad de los sufrimientos Daudet pensó en dejar un testimonio de sus padecimientos para la posteridad. Se puso manos a la obra y descubrió con sorpresa que el dolor no le hacían mejor escritor. Visitó a los especialistas más prestigiosos los cuales proponían metodos de lo más variopintos. La penicilina todavía no había aparecido. Su vida entraba en una fase donde solo el consuelo de las drogas mitigaba la tortura.

Ante estas decepciones medico-literarias, este eterno moribundo optó por que su dolor fuera conocido por el menor número de personas, incluida su familia. Pués temía convertirse en un estorbo y llegar a sufrir pena de si mismo. Una vez en que sus dolores eran atroces y ante la presencia de su mujer Daudet ocultó como pudo su situación. Le preguntaron porque lo hacía y respondió con gran entereza”. “el sufrimiento no es nada, todo estriba en no hacer sufrir a quienes amamos. De esta forma su tendencia a la doblez de personalidad se acentuaba. El escritor y el enfermo una dicotomía de la que no podo salir ni a través del consuelo de la escritura.


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