Posteado por: pcmf | febrero 26, 2009

La calceta de madame Defarge.

“Era el mejor de los tiempos y el peor; La edad de la sabiduría y la de la tonteria; La época de la fe y la época de la incredulidad”   ( Historia de dos ciudades, Dickens)

Señala el historiador francés FranÇois Furet en su “Pensar la Revolución Francesa”  que todo historiador que trate de hablar sobre esta etapa debe presentar a parte de sus credenciales como investigador, un catalogo de sus opiniones para ser adscrito a alguna de las corrientes que se encargan de su estudio. También observa  que si bien la Historia posee un claro entrecruzamiento entre pasado y presente esto no implica que se deban tener opiniones predefinidas sobre determinados hechos.

Esta afirmación de Furet es la que nos ha impulsado a tratar de definir dentro de nuestras posibilidades cuales son los elementos que de manera clara generaron el proceso revolucionario de 1789  sin que por ello nos adscribamos a ninguna corriente específica dentro del universo historiográfico que la Revolución Francesa trae consigo.

Si seguimos la metafora de los agravios que la señora Defarge teje y teje en su calceta a lo largo de varios años la explosión de la Revolución fue una mezcla de lo inmediato, lo ideológico y lo estructural.

Por un lado las ideas de los ilustrados franceses ha creado una base intelectual que representada en la trinidad de Voltaire, Montesquieu y Rousseau cuestiona la legitimidad del sistema político imperante. El cual queda representado en una sociedad estamental perpetuadora de privilegios y desajustes sociales que genera desigualdades expresadas en los “ Cuadernos de Quejas” que redactan los grupos sociales convocados a los Estados Generales.

Pero junto a lo ideológico aparece lo estructural. Labrousse ha estudiado que la crisis económica y el aumento del trigo alcanzan su máximo en 1788. Creando situaciones desesperadas en el pueblo llano que es quién más sufre el hambre. Por otro lado la sangría que la Guerra de Independencia de los EEUU ha provocado en la Hacienda junto con los costosos gastos de la corte hacen que los privilegios de nobles dificulten al gobierno poder afrontar los gastos.

Estructuralmente la administración francesa está envejecida. Soboul señala que pese a contar con personal eficaz y capaz de proponer medidas estas no cuentan con el apoyo de los diferentes parlamentos. Además la concentración de poder en el rey convierte la burocracia en un autentico freno de las medidas renovadoras.

Con todo lo anteriormente dicho explota lo inmediato. Pero en lugar de seguir a Lefebvre y sus tres fases revolucionarias dejemos que otros con más talento nos describan los vertiginosos sucesos:

“Con un rugido que resonó como si todo el aliento de Francia se hubiera concentrado y articulado en esa aborrecida palabra ( La Bastilla), el mar viviente se encrespó,ola sobre ola, abismo sobre abismo, e inundó la ciudad en dirección al lugar anunciado”.


Responses

  1. En las causas que usted relaciona como decisivas en el fenómeno de la Revolución Francesa, observo que ha dejado el contexto internacional fuera de su análisis. Las teorías sobre las revoluciones atlánticas merecerían cierto tratamiento. Aunque fuera para negarlas por deterministas. Un cordial saludo.


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