Posteado por: pcmf | abril 27, 2009

De como el sabio Alisolán continua los escritos de Cide Hamete Benengeli

Cuando el autor conocido como Alonso Fernández de Avellaneda dió a la imprenta su continuación de las aventuras de “ El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”  es posible que no tuviera plena conciencia de lo que hacía más allá de vengar una afrenta personal que a los lectores del presente de ambas obras nos resulta muy difusa. Pero que sin duda debió de ser muy clara para sus protagonistas.

Desde el prólogo Avellaneda justifica su continuación de la novela cervantina atendiendo a que era una tradición natural de la época. Por ello cita las continuaciones de “La Diana de Montemayor” o “la Celestina” para sustentar su argumentación. Es más el ” Qujiote” cervantino ya había sido imitado en obras como “ El caballero puntual” de Salas Barbadillo o ” La comedia de Don Quijote” de Guillén de Castro.

Pero gran parte de la crítica no es benevolente con Avellaneda y su intención. Se tilda su continuación de libro descuidado, escrito de prisa con grandes imperfecciones y aliteraciones. Algunos ven que la prisa de Avellaneda por publicar su continuación tiene como base su conocimiento de que Cervantes preparaba una segunda parte de su novela. El interés principal de el imitador cervantino es que su obra se conociera en la corte y los círculos literarios. De donde surgiría una animadversión mutua entre ambos escritores.

A pesar de lo dicho anteriormente, la enemistad  de Avellaneda por Cervantes posee sobre todo un sustrato personal que no disminuye cierta admiración literaria. Parece ser que hay un deseo de contraponer ambos Quijotes. Empleando el imitador una consciente carga en los elementos cómicos y burlescos sin prestar atención a la evidente evolución que los personajes desarrollan bajo la pluma de Cervantes. En ese sentido para muchos estudiosos de ambas obras Avellaneda se acercaría más al gusto literario de los lectores del siglo XVII.

Especialistas de la talla de Martín de Riquer mantienen que hay que comparar el Quijote de Avellaneda con la primera parte del cervantino. Pués ese es el objetivo del imitador demostrar que entretiene mejor al público que Cervantes.

Desde ese momento la rivalidad entre ambos escritores se deja sentir no solo en Avellaneda pués Cervantes no quedará corto a la hora de atribuirle epítetos al  imitador en su continuación.

Los cervantistas más radicales han hecho lugar común de este antagonismo Cervantes-Avellaneda. Para censurar la novela imitadora. Pero Avellaneda también ha tenido defensores. La primera corriente crítica favorable surge en el siglo XVIII y proviene de Francia a través del dramaturgo y novelista  francés Alain-René Lesage. Esta visión positiva en España fue continuada por Torres Villaroel. Si bien el historiador Mayans hizo sentir el peso de su prestigio y silenció a los proavellanedistas con su juicio negativo sobre este.

No será hasta el siglo XX cuando otro insigne investigador Menendez Pelayo situe a Fernández de Avellaneda en un lugar decoroso dentro de las letras hispanas aunque naturalmente por detrás de Cervantes

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: