Posteado por: pcmf | mayo 11, 2009

El frac de Don Calogero.

Ahora en cambio con,lo sensible que era a los preasgios y a los simbolos, veía aparacer a la Revolución misma encarnada en aquella corbatita blanca y en aquellos dos faldones negros que subían la escalera de su casa (…).

  “El gatopardo”. Tomasi di Lampedusa.

 En determinadas circunstancias a los historiadores les inspira la musa de las letras para comenzar con grandilocuencia la explicación de determinados hechos históricos. Siguiendo ese camino podemos considerar la unificación de Italia como una de las últimas victorias del Romanticismo y a la vez el momento en que el nacionalismo va a comenzar a desplegar ,de manera determinante para Europa, sus alas.

En la formación del proceso unificador italiano van a confluir tres elementos esenciales. Por un lado un movimiento intelectual ávido de salir de su ostracismo. Una realidad económica que pedía a gritos un cambio radical y la actividad política de ciertas figuras relevantes.

Dentro de la intelectualidad italiana comenzaron a moverse a mediados del siglo XIX  una serie de escritores y pensadores que enarbolaron la bandera del sentimiento unificador italiano, reflejo de un pasado glorioso que se veía en el presente coartado por el poderío austriaco. Las figuras de Leopardi o el ábate Gioberti entre otros representarian esta corriente conocida como Risorgimiento.

Pero donde comienzan a florecer las ideas aparecen las monedas. El testigo de los poetas lo recogen los comerciantes e industriales del norte de italia. Conscientes de la necesidad de articular un mercado nacional en un momento donde los avances de la Revolución Industrial son patentes ya en buena parte de Europa.  Para estos burgueses la unificación política es indispensable para un desarrollo económico que sienten se está retrasando.

Pero alguien debe encarnar este proceso. Tres figuras se van a disputar ese honor. Mazzini, Garibaldi y Cavour. El vencedor impondrá un modelo que refleje lo más fielmente su ideario personal y político.

Mazzini representa al intelectual del Risorgimeinto. El utópico que fracasa en sus continuos intentos de unificar Italia bajo una república, pero que nunca decae en sus intentos a lo largo de su vida. Garibaldi es la acción por la acción. El revolucionario pegado a una barricada, el que es capaz de enardecer el ánimo del pueblo. El simbolo de los deseos italianos.

Pero ante ellos surge la figura de Cavour, el cual une a su caracter monárquico un conocimiento de la realidad política y económica de Italia. Aunque hay juicios dispares sobre su capacidad política, lo cierto es que a este estadista no se le puede negar su capacidad para comandar un proceso unificador donde había que conjugar aciertos diplomáticos con el empleo de la fuerza. El será el triunfador, el arquitecto de la nueva Italia donde las viejas oligarquías son obligadas a mezclarse con los nuevos señores políticos.

Todo este proceso hará reflexionar con pesimismo al príncipe Salina sobre las bondades del frac de Don Calogero cuando lo invite a cenar y descubra que en Italia  para que todo siga igual es necesario que todo cambie.

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