Posteado por: pcmf | marzo 9, 2010

La conversión de Gide o el miedo a tener razón.

El 19 de Febrero de 1951 moría en su domicilio parisino el escritor francés André Gide. Mientras el diario L`Humanité señalaba que había “muerto un cadáver” en España la prensa franquista comparaba su figura con el diablo. Posteriormente el Vaticano corroboraría esa imagen incluyendo en su indice de libros prohibidos la obra literaria de Gide.

¿ Cómo pudo una persona reunir en su figura el desprecio tanto de las derechas como las izquierdas? Nacido en 1869  Gide fue testigo del final del siglo XIX como de la convulsa primera mitad del XX. Dejó en sus diarios y reflexiones toda una filosofía sobre la vida,el arte y el compromiso tanto político como personal difícil de encajar en las corrientes ideológicas del momento.

De él escribió Jean Prevost otro ejemplo de coherencia personal y política: ” ¿como competir en sinceridad con Gide?  Nosotros no tenemos más que una él tiene doce”. Esta declaración simboliza en su ironía las supuestas incoherencias de Gide de las que era acusado por su enorme legión de adversarios.

Sin duda la publicación de sus diarios a lo largo de su vida pone de manifiesto por parte de Gide la necesidad de convertir todas sus vivencias en objeto de arte. Dentro de ellas en su juventud el amor, el deseo y el sentimiento de culpa que le acarreaba su bisexualidad incomprendida en su circulo familiar da paso en su madurez al escritor de éxito que se encamina a la aceptación de su personalidad. De hecho en alguna de sus últimas entradas advierte que se conoce ya demasiado y que quizás comienza a volverse repetitivo.

Pero las vivencias sentimentales no son el motivo central de su diario. Si la aceptación de su condición sexual irritaba a la jerarquía católica. Sus descripciones del Congo y la denuncia de los abusos del capitalismo enervaba a las derechas. Por contra las izquierdas veía tibiezas de burgués en sus relatos desencantados sobre el paraíso soviético.

Trató a lo largo de su carrera publica conjugar su lema ” me debato en la vida entre ser moral y ser sincero” en ese confuso juego Gide descubrió su sitio como intelectual. La búsqueda de la permanencia y la gloria.

Educado en pleno siglo XIX donde era fundamental para un escritor una enorme cultura intelectual como base para una carrera exitosa en el mundo de las letras, pero las vanguardias y sus torbellinos literarios no casaban con los fundamentos artísticos de Gide.

Sea como sea, la lectura de la obra de Gide y en especial sus diarios nos permite el conocimiento de una vacuna contra la ortodoxia. Pues podemos estar de acuerdo con sus ideas sin compartirlas.


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