Posteado por: pcmf | julio 19, 2011

Arraigo.

ARRAIGO.

La sombra se arraiga,
sin tregua,  idéntica a un aliento.
Pausadamente, sin brisa
clemente, que en un relámpago acelere
incierto, agotamiento que derribe
la resolución del ensueño.
Al partir, en brillos parejos
un vasto parapeto de persianas acecha.
Pechos solitarios, insomnes, organismos
como  favor escindido, reposan,
aparecen, inquieren la ternura del aire
y el ascua que acaban, destella,
intuiciones donde no sueñe
la angustia,  inmortal anhelo  que abate
la sombra arraigada.

                                                             R . L de su libro “Recurrencia en la muerte”



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