Posteado por: pcmf | noviembre 4, 2014

De la posmodernidad a lo posmoderno.

Frederic Jameson comienza su “La lógica cultural del capitalismo tardío” con la siguiente frase:

El modo más seguro de comprender el concepto de lo postmoderno es considerarlo como un intento de pensar históricamente el presente en una época que ha olvidado cómo se piensa históricamente”.

Con ello se trata de poner en cuestión ya por aquel lejano 1984 una de las bases en las que se asentó la corriente de pensamiento llamada posmodernismo. La pérdida de la historia en una sociedades que veían con asombro como el capitalismo vencía lentamente al comunismo y cierto optimismo de matiz hegeliano se atisbaba ya en el horizonte.

Posteriormente el muro de Berlín caería y Fukuyama nos legó el fin de la historia donde una precipitada sucesión de acontecimientos fueron reinterpretados como la conclusión lógica a todo el proceso.

Jameson habla de pastiche posmoderno, como una especie de elementos inconexos que aparecerían cuando la sociedad deja de pensar históricamente.Considera que una de las consecuencias de ese abandono del pensar histórico sería la pérdida de la llamada “ideología del estilo”.

Insistiendo en el abandono de la historia como producto cultural efectivo en las sociedades actuales, otros autores como J.F. Loytard consideran que lo característico de esa posmodernidad sería el abandono y la deslegitimación de los metarelatos.

Es decir la pérdida de la iniciativa en buscar respuestas globales a los problemas humanos. Tendencia que la Ilustración y posteriormente el desarrollo capitalista en el siglo XIX y gran parte del XX consagró como principal aspiración humana.

La idea de progreso como paradigma totalizador, los avances de las ciencias empíricas y la unión de ambas en el liberalismo serían claros ejemplos de lo mencionado. Por otro lado el socialismo y el anarquismo plantearían soluciones contrarias a las anteriores pero dentro del mismo paradigma ilustrado. Quizás las corrientes existencialistas podían señalarse como ejemplos donde comienza a vislumbrarse la posibilidad de expulsar al hombre de la historia. Centrandose como señaló E, Mounier “en una filosofía del hombre por encima del exceso de una filosofía de las ideas y de una filosofía de las cosas”.

Pero estas definiciones sobre lo posmoderno adolecen a nuestro entender de un problema metodológico poco desarrollado conceptualmente. Todas ella aparecen como visiones negativas la idea de eliminar los grandes metarelatos. Les cuesta elevarse por encima de las bases en las que se asientan. Donde las concepciones que ahondan en estos territorios son catalogadas de poco analíticas.Obviando que donde surgen nuevas preguntas han de acompañarse con nuevos métodos de análisis y comprensión.

En este sentido nos parece interesante la propuesta de G. Lipovetsky donde sin abandonar el espíritu tradicional advierte que el posmodernismo es una nueva revolución individual.

Donde se ha producido un proceso de “democratización” de valores como son el hedonismo y una fe inquebrantable en el mercado y la competitividad. Advierte que privilegiar la “temporalidad del presente” se ha concretado en una búsqueda del bienestar y felicidad individual, que se emparentaría con esa versión moderna de autonomía.

Por otro lado su crítica a los metarelatos tradicionales, marxismo, psicoanálisis, etc., funcionaban a través de lo que él llama “Ilusiones de la autonomía” y que lo posmoderno ha recuperado la auténtica individualidad, expresada de la siguiente forma:

Dentro del campo de las relaciones sociales el individuo ha superado por un lado la “imperatividad” de las normas y la “directividad” de los modelos y por otro lado se ha producido una “regresión de los controles colectivos”. Pués cree como Tocqueville que “los procesos de igualdad de condiciones” están sirviendo como elementos de “autonomización” de los sujetos.

Concluye Lipovetsky que el peligro de un exceso de autonomía de los individuos y una sobrevaloración de  las condiciones hedonistas de la sociedad han de contrarrestarse con un “individualismo responsable” donde la educación juegue un papel esencial.

Aquí es donde vemos mayor debilidad de su argumentación. ¿ Quienes controlan los mecanismos de enseñanza si sustituimos la directividad de los modelos por una “lógica de la indeterminación”? ¿No consideraba positivo el abandonar la dictadura del sujeto histórico unido a las grandes interpretaciones del mundo? ¿  Se han difuminado los mecanismos de controles colectivos?. Y por último no es señalar la educación como eje articulador de esa segunda revolución individual volver a colocar al sujeto en la historia?

En definitiva siendo una propuesta que la de Lipovetsky que pretende superar el pesimismo ontológico que rodea esa nueva autonomía del ser humano acaba incurriendo en la no superación de los paradigmas dominantes.

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