Posteado por: pcmf | agosto 6, 2015

Legitimidades y paradojas

Benedict Anderson define el nacionalismo como ” comunidad política imaginada  inherentemente limitada y soberana”. Considera que desde una posición marxista el nacionalismo nunca ha sido bien comprendido.

Dos son las razones que aduce. Por un lado la dificultad de definir el concepto de nación y por otro observar como las revoluciones que se han producido y triunfado desde  la II Guerra Mundial siempre lo han hecho desde posiciones nacionalistas. Para el estudioso esto rompía los esquemas de evolución de la teoría  marxista y por ello se las consideraba una anomalía.

Anderson plantea en la línea de Hobswamn que la nación y el nacionalismo son artefactos culturales de una clase particular. El error estaría en asumir una visión de filosofía política que encuadra al nacionalismo entre el liberalismo y el fascismo. Si se opta por un modelo más cercano a la antropología y se inserta dentro del parentesco y la religión puede ayudar a aclarar el panorama.

El nacionalismo posee lo que Anderson denomina las cuatro legitimidades que lo han conformado en el devenir histórico.

La primera tiene que ver con su definición de comunidad imaginada adscrita a un  territorio soberano. La segunda posee cierto matiz esotérico que la emparenta con la religión y la lengua.  la tercera alude a paso de la humanidad de súbditos a ciudadanos y el nuevo papel de las dinastías monárquicas e imperiales. La cuarta y última tiene se centra en la importancia del tiempo y la simultaneidad cronológica. Donde se produce una identificación entre el interno subjetivo y el externo de la comunidad.

El elemento que cohesiona todo el conjunto es el llamado capitalismo impreso que divulgó y cimentó las bases de la interpretación nacionalista.

Pero estas legitimidades viene acompañadas de tres paradojas. La primera según Anderson es la modernidad objetiva que los historiadores de las naciones conceden al nacionalismo en contraposición a la antigüedad subjetiva que creen tener los nacionalistas. La segunda paradoja es la universalidad del concepto de nacionalidad. Todos tenemos una con  exclusividad. La tercera es el poder político que ostenta el nacionalismo con su aparente falta de profundidad filosófica.

La constante lucha entre las legitimidades y paradojas del nacionalismo lleva a algunos autores ha considerarlo como una “patología de la época moderna”


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