Posteado por: pcmf | agosto 28, 2015

La deshonestidad como fenómeno de identidad política.

¿ Es La deshonestidad que condiciona la identidad  política  en gran parte de las democracias occidentales un problema  colectivo?

Mucho de nuestros políticos suelen hacer a veces afirmaciones  espeluznantes. Cuando se remiten a la propia condición humana como factor determinante en los casos graves de corrupción política. Es decir transforman hechos con carácter delictivo o simplemente inmorales o contrarios a la ética como un subproducto molesto pero inherente a la identidad social de los humanos. De esta forma nunca es achacable al sistema los fallos que suelen atraer a determinados seres a emplear la “res pública ” en su beneficio.  Pues la corrupción es solo responsable de los actos individuales y es prácticamente imposible controlar las acciones de todos los seres humanos.

Pero existen voces cada vez más agrias en sus manifestaciones, frente a este pesimismo metafísico sobre la condición humana. Señalan que la corrupción es fruto de la desidia institucional. Centrándose en dos pilares del derecho social fundamentales en las sociedades democráticas. Por un lado la incapacidad del estado por luchar eficazmente contra la corrupción y por otra la apatía educativa y social con la que se trata y considera al deshonesto.

Estos críticos de la situación suelen ser atacados como pesimistas o malos patriotas que solo saben resaltar los aspectos negativos de sus sociedades sin aceptar que el discurso político dominante solo tiene un camino que lleva a la formación del buen súbdito.

Estas afirmaciones son inquietantes cuanto eliminan la posibilidad de cambio o transformación de estas formas de actuar porque conforman lo más íntimo del ciudadano. Entrando en una especie de bucle siniestro donde el hombre común es incapaz de discernir qué hay de verdad o de manipulación política en ambos planteamientos.

Habermas empleó la expresión “patriotismo constitucional” para señalar la necesidad de que las leyes conformen la base del sentimiento nacional. pero ahí radica su mayor obstáculo ¿como racionalizar ingredientes tan cercanos a lo emocional?

Es por ello necesario un cambio en las culturas políticas de occidente que refresquen los agotados lagos en los que desde la Ilustración se han nutrido nuestra concepción de la sociedad política.


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